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Los derechos y deseos de los habitantes de las Islas Falkland son la piedra angular de nuestra política


William Hague, Canciller del Reino Unido


*** Según el canciller británico William Hague
Ciudad de Guatemala, Guatemala.
En un artículo publicado el sábado en The Times, el Canciller británico, William Hague explica por qué el futuro del territorio sólo puede ser decidido por la población misma.

El futuro de las Islas Falkland tiene que ver con la gente: la libertad de determinar su propio futuro y desarrollar su propia comunidad y economía.

A 30 años de la invasión de la Argentina, su derecho a la autodeterminación sigue y seguirá siendo la piedra angular de nuestra política.

Con la excepción de los dos meses de ocupación de la Argentina en 1982, las Islas Falkland han estado continua y pacíficamente habitadas y administradas bajo soberanía británica desde 1833.

Argentina alega que Gran Bretaña se apropió de las Falkland por la fuerza en 1833, expulsando a la población civil argentina y suplantándola por súbditos británicos.

Los hechos dicen otra cosa: Gran Bretaña tomó posesión formal de las Islas en 1765, estableciendo varios asentamientos durante los cincuenta años siguientes antes de que la Argentina existiera como estado independiente. En 1832, la Argentina destacó una guarnición militar a las islas.

Gran Bretaña protestó y envió fuerzas para eliminarla. No se expulsaron civiles y la evidencia histórica sugiere que la mayoría de los casi 30 civiles optó por quedarse. Los colonos británicos empezaron a llegar a partir del 1833 y se les sumaron otras nacionalidades.

En 1850 Gran Bretaña y la Argentina firmaron un acuerdo para resolver sus “diferencias existentes”. Y en los 90 años entre 1850 y 1940 la Argentina presentó sólo un reclamo diplomático formal por las Islas Falkland: en 1888. Los habitantes de las Islas Falkland de hoy viven en una sociedad diversa y democrática.

Muchos viven allí desde hace generaciones –hay hijos en la Islas cuya ascendencia en las Falkland puede llevarnos a más de nueve generaciones. Como América Latina misma, la población ha crecido a través del flujo natural de la inmigración.

Y si bien retienen sus vínculos con el Reino Unido como Territorio de Ultramar, los habitantes de las islas elijen a sus líderes y toman sus propias decisiones sobre como gobernar sus propios asuntos.

Aunque los habitantes de las islas están justificadamente orgullosos de sus vínculos con Gran Bretaña, mucho les dirán que primero son habitantes de las Islas Falkland y segundo, británicos.

Sólo los habitantes de las islas pueden ser los dueños de su futuro. Nunca les impondremos una clase diferente de asociación política, o acordaremos cambios a nuestra soberanía, en tanto y en cuanto este no sea el deseo de los habitantes de las islas.

Esta ha sido la política de los sucesivos gobiernos británicos. El Gobierno argentino caracteriza su posición como razonable al decir que desea negociar una “solución” en forma pacífica.

Gran Bretaña ha estado siempre abierta al diálogo con la Argentina y, por supuesto, se mantiene abierta. Existen muchas áreas en las que podemos cooperar: la administración conjunta de las poblaciones ictícolas, la exploración de hidrocarburos, y en el fortalecimiento de vínculos aéreos y marítimos entre las Falkland y América del Sur. Lo hacíamos en los 90 y deberíamos poder volver a hacerlo.

Pero nunca vamos a negociar la soberanía sin el consentimiento de los habitantes de las Islas Falkland. La autodeterminación es un principio establecido en los asuntos internacionales, inserto en la mismísima Carta de las Naciones Unidas.

Mientras nosotros estamos abiertos a dialogar, los recientes gobiernos argentinos han tomado un enfoque menos constructivo. Se apartaron de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur con, -tal como publicara The Times recientemente – el riesgo de provocar graves daños a las poblaciones ictícolas del Atlántico Sur.

La Argentina se retiró del acuerdo de 1995 para cooperar en la exploración petrolera, y apunta a compañías que operen en las aguas de las Falkland en violación a los principios del libre comercio internacional.

En vez de trabajar en pos de una solución en beneficio mutuo para los vínculos comerciales aéreos, Argentina ha prohibido vuelos chárter y ha impedido la mayoría de los servicios programados.

En el mar, la Argentina busca imponer restricciones a buques de las Falkland que naveguen a través del Estrecho internacional de Magallanes o que recalen en otros puertos de América del Sur.

Si la Argentina está genuinamente interesada en avanzar, debería poner fin a estos intentos de intimidar a la población civil. Deberían sentarse a hablar sobre cómo - como democracias - las Falkland, Gran Bretaña y la Argentina pueden trabajar juntos en pos del interés común.

En muchas áreas, nuestras relaciones con la Argentina son positivas y tienen el potencial de ser aún más productivas. De nuestra parte, trabajaremos para afianzar esto en beneficio de todos nuestros ciudadanos y de la más amplia paz y seguridad.

Creo que esto será bienvenido en la región también. Esta semana estuve en Brasil en donde, como para de una agenda más amplia, discutimos estos temas del Atlántico Sur. Sé que la declaración que realizó el Mercosur el mes pasado prohibiendo, aparentemente, el ingreso de barcos con bandera de las Islas Falkland preocupó a muchas personas.

Para nosotros, no tuvo justificación legal o política. Pero en discusiones con socios regionales en las últimas semanas, ha quedado claro que esta declaración no va a presentar ningún impedimento para que los barcos naveguen entre las Islas Falkland y América del Sur.

Más aún, no veo ningún afán en la región por unirse a la posición Argentina en sus intentos para dañar la economía de las Islas Falkland o el modo de vida de sus habitantes y eso es algo que agradezco.

Cuales quieran sean las diferencias políticas que puedan haber entre el Reino Unido y América del Sur entorno a la soberanía de las Islas Falkland, tenemos con Brasil y otros socios una relación que nos permite discutir estas diferencias en forma honesta y abordarlas en el contexto de la ley internacional y el respeto de los derechos humanos de los habitantes de las Islas.

También continuaremos con nuestra más vasta política de profundizar y extender el compromiso de Gran Bretaña para con toda América latina, enviando más diplomáticos, abriendo nuevas misiones diplomáticas y promoviendo nuestros alzos comerciales y culturales.

Mi reciente visita a Brasil, fue la décimo quinta visita ministerial a ese país en el último año, lo que da testimonio de un cambio en nuestras relaciones.

Espero con entusiasmo la intensificación de esos esfuerzos en los próximos años porque hay un gran potencial en esta nueva relación. Y mientras llevemos adelante esa tarea, nos aseguraremos siempre que los deseos de los habitantes de las Islas Falkland y sus derechos a la autodeterminación nunca queden en duda.