200 días de clases

HRN

Mientras más de dos millones de niños y jóvenes inician hoy su año lectivo, la única expectativa, aunque reconozcamos sea esta modesta, es que al menos estén en las aulas los 200 días de clases.

Pero obviamente todo dependerá, de cuan bien tenga este nuevo gobierno a los docentes y cuando decimos docentes, hablamos de la dirigencia magisterial, la que en el engranaje educativo público nacional, parece tener siempre la última palabra.

Más de dos millones de estudiantes vuelven este día a las aulas y aunque nada garantiza que este año lectivo nos deje como todos, esa frustrante sensación de que Honduras, su niñez, su juventud, siguen perdiendo, no hay que bajar los brazos, no hay que parar en ese empeño de luchar contra todo y contra todos, para que los estudiantes estén al menos esos 200 días en las aulas.

Si hay algo en lo que aquí en HRN insistimos siempre en poner en su justa perspectiva, es que la pérdida de clases, sumada a la baja calidad de la educación pública está produciendo jóvenes con una base académica sumamente baja y pobre como recién apenas lo dejaba claro el analista Julio Navarro.

Ponemos de ejemplo lo que ocurre en la Universidad Nacional, en las universidades, como la Universidad Pedagógica Nacional con jóvenes que llegan de los colegios públicos de todo el país.

Mientras los estudiantes provenientes de colegios privados, donde la pérdida de clases es casi nula, obtienen un promedio que alcanza entre el 55 y 60 por ciento, el promedio de los alumnos egresados de los colegios públicos es de un 47 por ciento para abajo.

La pérdida de clases, el ausentismo deja en evidencia, junto a otras variables, los enormes problemas, no sólo cuantitativos por los días de clases perdidos, sino que también cualitativos por la calidad de la enseñanza que aqueja a todos los niveles y en este caso el medio en la educación pública nacional.

En el 2005 sólo se impartieron 90 días de clases, en el 2006 160 días, en el 2007 lo mismo y así igual el 2008, el 2009 y la pregunta es y este, vamos a ver finalmente realizada la meta de recibir los ahora añorados, pero obligatorios 200 días de clases.

Será este otra vez el año de los conflictos magisteriales, de las huelgas, de las asambleas informativas, el año de la ingobernabilidad del sistema, el año de la indiferencia de todos, tendrá el nuevo gobierno la autoridad para manejar el año lectivo, para decidir cuando deberá terminar, así como ahora ha definido cuando debería arrancar.

Pero más allá de los 200 días de clases, seguiremos apostando a los cortoplacismos, las metas modestas, podrán finalmente los demás sectores, padres de familia apropiarse del aula, se convertirán en actores y agentes de su propia educación, es decir de la educación de sus hijos.

Entenderemos aquí como lo han comprendido otras sociedades, que la escuela le pertenece a la comunidad, al municipio, al barrio, a la cuadra, a los patronatos, al padre de familia, al pulpero, al sector privado, al profesor, a los estudiantes y no como aquí en donde creemos que es el gobierno el único responsable de que nuestros niños y niñas, jóvenes vayan y estén en el aula.

Han sido las sociedades de padres de familia un fracaso en el país, son unos pocos los que las conforman y mucho menos los que se vuelven vigilantes del proceso formativo de sus hijos, tienen o no incidencia en las decisiones y pueden coercitiva o moralmente emplazar, obligar y retener al maestro en el aula.

Aquí hay muchas cosas que decir y sobre las cuales trabajar, no es posible que en Honduras todavía unos 17 mil niños y niñas sigan desertando cada año de las aulas, mientras 300 mil no llegan ni siquiera a pisar la escuela, hay otros 200 mil niños fuera del sistema preescolar y casi un 20 por ciento de la población estudiantil reprueba.

Acaso no somos responsables todos de esto, o seguiremos dejando solos al gobierno y al sector magisterial, para que también sigan haciendo lo que quieran en detrimento de la formación de nuestros hijos, acaso no somos también culpables de esa ingobernabilidad en el sistema, reconocida por las mismas autoridades de educación de turno.

Mientras hoy, más de dos millones de niños y jóvenes vuelven a las aulas, meditemos seriamente que estamos y no haciendo, a partir de las anteriores inquietudes y preguntas planteadas.