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Conflicto en el Bajo Aguán

HRN

Hace días lo venimos diciendo, el conflicto de El Bajo Aguán ha dejado de ser un simple problema de tierras, en la medida que ya hay muertos de por medio y en la medida que se sigan dilatando soluciones.

Apurados por las circunstancias, anoche se procedió a integrar una comisión especial, cuando creíamos que ayer las partes involucradas serían sentadas a la mesa del diálogo, pero algo advertimos, ha impedido hasta ahora que se vea esto como un problema muy serio, de dimensión nacional.

Que ya no es un litigio sólo entre un empresario y un grupo campesino, en la medida también que este asunto tiende peligrosamente a irse de las manos a las autoridades centrales y no digamos ya a las partes inicialmente involucradas o confrontadas, tampoco pareciera que se tiene claro, que muchas veces los acontecimientos imponen actos que no se desean y que no convienen ni al país mismo.

Entonces resulta preocupante la falta de capacidad del INA para resolverlo, la tibieza del gobierno mismo y la intolerancia para abrir espacios que contribuyan a resolver una situación que ya no pasa insisto, por un simple conflicto o disputa de tierras.

La historia de Honduras registra que peleándonos entre nosotros o matándonos entre nosotros nuestra sociedad no ha logrado capitalizar nada, bueno, salvo odios, venganzas, enemistades, persecuciones.

¿Acaso las muertes que ya registra este conflicto en El Bajo Aguán no debe apurar la intervención del Estado? Por eso es que no comprendemos como un asunto que urge una salida allá sido tratado hasta ahora con la ligereza que percibimos ha sido abordado.

Ayer el gobierno central anunció la creación de una comisión especial, que no se sabe si tendrá la suficiente independencia o autonomía para resolver por si misma el conflicto, pero ya son varios los días transcurridos y las personas caídas en el lugar, para que se siguiera dándole largas a un asunto, que hace tiempo también debió haber salido del radio de acción del Instituto Nacional Agrario (INA).

Mientras no hemos podido cerrar filas sobre un asunto tan sensible como lo es el de la producción agrícola, resulta que hasta tampoco ha parecido importarnos, que en Honduras la gente se siga matando por tierras, cuando creíamos tener arreglado por la vía de la reforma agraria esos viejos problemas y disputas.

Y entonces como lo decíamos en un comentario anterior, lo que tenemos aquí es una desfiguración de la mismísima reforma agraria, el cooperativismo conspirando contra si mismo, porque nos cuesta comprender de otra manera lo que está pasando en el rico Bajo Aguán, en donde supuestos trabajadores mantienen desde hace varias semanas atrás tomadas y paradas fincas productivas.

Y lo volvemos a decir otra vez, con esto nadie gana, mientras miles de familias en la zona, mientras los inversionistas, mientras el mismísimo Estado pierden de una y otra manera, unos más que otros, pero todos al fin.

Para el caso, quien va a querer invertir en el campo con episodios como el que hoy sucede en el Valle de El Aguán, como le vamos por ejemplo a decir a los inversionistas que traigan su dinero aquí, si lo que menos parecemos dispuestos es a garantizar seguridad jurídica y legal, para que cada centavo que se invierta no se eche a perder por las tomas o invasiones de tierras.

Miren, en este conflicto como en otros, como lo promovió también Mel Zelaya, se le está queriendo meter en la cabeza a la gente, los más humildes, que aquí los empresarios son enemigos de los trabajadores, que el capital está divorciado del trabajo.

Pero donde han visto un país que ha salido adelante sin una fuerza motriz como su empresa privada, un pueblo que no mire a su unidad insistimos difícilmente será un pueblo que logre vencer sus enemigos y sobre todo aquellos peores, la desconfianza, la envidia, la enemistad, la sospecha, el individualismo.

Búsquenle una salida a este conflicto, que insisto ya no es un problema entre Miguel Facussé y sólo un grupo campesino, no sabemos si la comisión integrada tendrá la autoridad de arreglarlo, pero los mensajes que hasta ahora se han estado enviando tanto hacia adentro como afuera, tienden a ser peligrosos en la medida que las cosas empeoran.

Tan grave es darle largas a un asunto como este, que hasta la policía y el mismo ejercito de Honduras han sido repelidos a fuerza de balazos y cuando ya no hay respeto a la autoridad, entonces sólo queda responder también con la fuerza y eso es completamente inaceptable.

En lugar de dejar muertos y enfrentamientos, no deberían las tierras de cultivo que tenemos en este país juntar nuestras expectativas y denominadores comunes, porque los hondureños no hemos desarrollado como otras sociedades la capacidad de agruparnos, de hacernos un nudo alrededor del bien común.

Porque nos miramos como enemigos, porque nos cuesta trabajar sobre lo que nos une, que sobre lo que nos divide, quien está atizando el fuego de esta polarización, de este derramamiento de sangre que no se pueda parar desde arriba.

Es urgente que se le preste toda la atención a este asunto y que hoy mismo, la comisión nombrada por el presidente Lobo, siente en principio a las partes que no han podido ser conciliadas y que se alcance un acuerdo ya no solamente para beneficio de ellos, sino un acuerdo que le devuelva la tranquilidad al campo.

Pero que también le de sentido a la inversión con garantías plenas, de que aquí es posible seguir creyendo en Honduras.