*** Los migrantes venezolanos indicaron que esperan que sus compatriotas no pasen más hambre.

Las opiniones entre algunos de los migrantes venezolanos que se encuentran varados en Honduras, unos con la intención de regresar hacia su país y otros en ruta hacia México, están divididas entre los que están de acuerdo con que Estados Unidos haya capturado a Nicolás Maduro el pasado sábado, y los que condenan el hecho diciendo que se trata de un “secuestro”.
“Yo creo que fue que lo entregaron, porque ese no se deja agarrar así solo, pero está bien que se lo hayan llevado porque tenía al pueblo acosado, Venezuela libre es mejor”, dijo a EFE Ender Cortés, sobre la captura de Maduro por fuerzas militares de Estados Unidos en Caracas.

Un nuevo intento por regresar a México
Cortés, de 20 años y ayudante de albañil, indicó que espera que con la nueva situación que comienza a vivir Venezuela “no pase hambre la gente”.
Relató, mientras vendía dulces en el centro histórico de Tegucigalpa, que en Honduras está “de paso, haciendo (la gestión de) los pasajes para seguir” su camino hacia México, de donde fue deportado.
“Me iba a regresar para mi país, pero tengo la familia toda en México, entonces tengo que subir otra vez, allá están mi mamá y mis hermanas”, subrayó Cortés, quien lleva un mes y medio en la capital hondureña, donde con otros tres compatriotas alquilan una habitación por 2.500 lempiras mensuales (94,3 dólares).

“Antes, la cosa estaba más peor, las niñas no podían estudiar, la gente secuestraba niños, por eso mi mamá decidió un día irse, (ella) dijo vámonos para la USA (Estados Unidos) y no pudimos pasar, nos quedamos”, agregó.
Explicó que se separó de su familia para subir solo hasta la frontera entre México y Estados Unidos, pero que, al llegar a Juárez, en el paso de Texas, lo “deportaron hacia abajo”, hasta Villahermosa, de donde decidió regresar a Honduras.
Por su parte, Júnior Moreno, natural de un pueblo en el sector de Arauca, fronterizo con Colombia, expresó a EFE que no tiene “nada que decir” sobre la captura de Maduro, “porque tengo mucho tiempo fuera del país”.

“No sé qué estará pasando, en realidad estoy un poco desorientado de información de mi país”, agregó Moreno, de oficio carpintero y que se dedica a vender dulces y limpiar parabrisas de coches en Comayagüela.
Pero dice que ahora que Maduro ya no está en el poder en Venezuela “hay que ver cómo evoluciona el país”, al que por ahora no piensa regresar debido a que su esposa con una hija de cuatro años, que nació en Colombia, están en México.

Una travesía iniciada en Brasil
El migrante venezolano no sabe quién gobernará en Venezuela tras la salida abrupta de Maduro, pero señaló que las nuevas autoridades deben buscar “una solución a todo esto que está pasando y que evolucione” el país, “que no pase a lo peor, sino que pase a mejor”.
Moreno y su familia abandonaron su país hace unos cuatro años, cuando viajaron a Brasil, pero siempre, apuntó, “pensando en el sueño americano, como todo migrante a buscar oportunidad y conseguir algo mejor para poder subsistir con toda esta problemática que hay en el país de nosotros”.
De Brasil se trasladó a Colombia y luego siguió en ruta hasta la frontera con Estados Unidos, en el sector de Piedras Negras, de donde fue deportado. En Honduras ya lleva tres meses y de ser posible le gustaría conseguir un trabajo independiente.

Otra migrante venezolana, de 52 años, se gana la vida con cuatro hijos, la menor de 16 años, también vendiendo dulces y limpiando parabrisas de coches, con el objetivo de ajustar el pasaje para regresar a su país. Le acompañan, además, tres nietos.
Ni la mujer, que en Caracas trabajaba como “supervisora de un hotel”, ni sus hijos quisieron hablar frente a cámara, ni proporcionar sus nombres, “por miedo al regresar a Venezuela”, pero coincidieron en que Maduro “fue secuestrado” y que “no hay nada que celebrar”. Su esposo, “maestro de obras”, se quedó en Caracas.
“Eso fue un secuestro, nosotros vamos de regreso para Venezuela, estamos en Honduras desde noviembre, en agosto llegamos a México, aquí gracias a Dios una familia nos ha alojado en una casa en el sector de El Hatillo”, al noreste de Tegucigalpa, subrayó. EFE



