viernes, enero 9, 2026
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Gervasio Sánchez: “Buscar víctimas reales de la guerra me evitó una depresión de caballo”

Tegucigalpa, Honduras

*** Fue hace tres décadas que se dio cuenta de “que era importante buscar otras situaciones”, y aunque siguió cubriendo conflictos, también fotografía.

El fotoperiodista español Gervasio Sánchez ha cubierto decenas de guerras y sus consecuencias durante los últimos 40 años, y haberse centrado en buscar a las “víctimas reales” del conflicto, como mutilados o desaparecidos, volviendo a ellas durante décadas en sucesivos viajes a Centroamérica, África o los Balcanes, le ha permitido encontrar un objetivo a lo que hacía y no terminar con “una depresión de caballo”.

Sánchez no fotografía y se va. Para él, contar las historias de las víctimas de la guerra significa darles nombre, contar su evolución vital: las heridas por el impacto de una mina antipersona, pero también la recuperación, la formación de una familia, los hijos, un después en ocasiones esperanzado.

Fue hace tres décadas que se dio cuenta de “que era importante buscar otras situaciones”, y aunque siguió cubriendo conflictos, también fotografía “una parte que casi nunca se cubre, que es la posguerra, las consecuencias de la guerra a largo plazo”, dijo a EFE Sánchez (1959, Córdoba) durante una visita reciente a Panamá.

Este 21 de enero se cumplirán 30 años del momento en el que vio cómo le cortaban la pierna a Sokheurm Man, un niño de 13 años en Camboya que había resultado herido por una mina cuando se dirigía al colegio. Sánchez sigue fotografiando a aquel adolescente que era consolado por su padre sobre una camilla y que ahora tiene dos hijos.

Otro pilar de su proyecto de largo recorrido “Vidas minadas” es Adis Smajic, que en marzo se cumplirán 30 años de cuando lo encontró en un hospital en Sarajevo “entre la vida y la muerte” tras manipular una mina, al que siguió luego en sucesivas cirugías de reconstrucción de rostro o en el nacimiento de sus hijos. O Sofía Elface Fumo, de Mozambique, cuyas piernas fueron cercenadas por una mina y que conoció con 13 años. Ahora tiene cinco hijos.

“Creo que a mí esta forma de trabajar, de buscar historias personalizadas, buscar a las víctimas reales de la guerra que son siempre los civiles, me ha salvado de no haber caído en una depresión de caballo o haberme dejado arrastrar por el alcoholismo, la drogadicción o cosas parecidas, que a veces aparecen cuando no encuentras salida al trabajo que haces”, explica Sánchez, que considera a todas estas personas retratadas parte de su “familia universal”.

Una familia que se extiende a países como El Salvador, Nicaragua, Colombia, Angola o Afganistán, y a los que regresa “para recordar al público que las consecuencias de la guerra son para siempre, que las guerras no acaban cuando lo dice Wikipedia, las guerras no acaban porque se firme un trozo de papel llamado paz, que la paz siempre es imperfecta y que casi siempre los mismos que han perdido las guerras son los que pierden las posguerras”.

“De hecho, los que ganan la guerra son siempre los mismos, los que la hicieron y los que al acabar la guerra hacen los negocios de la paz”, advierte el Premio Nacional de Fotografía de 2009, que impartió un taller en el Centro Cultural de España en la capital panameña “para entender qué significa el compromiso fotográfico” y el desarrollo de una historia.

Gervasio Sánchez también retrata la ausencia de los desaparecidos, en un proyecto homónimo que comenzó a idear en sus años de universidad en Barcelona cuando colaboró con Amnistía Internacional y leía los informes sobre violaciones a los derechos humanos en Centroamérica, sobre todo en Guatemala y El Salvador, prestando especial atención a las desapariciones forzosas, el “eterno problema, perenne problema, olvidado problema” de estas crisis.

“Los que son heridos en una guerra se curan, los que mueren se entierran, los que sufren estrés postraumático o se curan o acaban en la locura, pero ¿qué pasa con los desaparecidos?”, se pregunta el fotoperiodista.

En los países en los que ha trabajado en América Latina -El Salvador, Guatemala, Colombia, Perú, Chile y Argentina- “todavía hoy día se están buscando a los desaparecidos”, muchos de ellos indígenas, porque son “los sectores más endebles” y al no tener “fuerza de presión, son olvidados”.

O está también el caso de España y los ejecutados durante la guerra civil (1936-1939) y la inmediata posguerra, siendo los bisnietos los que continúan esa búsqueda.

“Entonces, yo creo que es importante mostrarle al público que todo el mundo tiene derecho a tener a su ser querido enterrado en el lugar que él decida. Y quien tenga dudas que se ponga en el lugar de la víctima. ¿A mí me gustaría que a mi hija la hubieran secuestrado, la hubieran asesinado, después de haberla violado y que no encontrara su cadáver? No, aunque encontrara su cadáver destrozado, querría tener el cadáver suyo para poder enterrarle. Esto es lo que le pasa a todas las personas que buscan a sus desaparecidos”, recuerda. EFE

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