*** El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y varios ministros acudieron hace unos días al Congreso sin corbata.

Ahora que se redefinen los conceptos de la elegancia y pasarelas como París o Pitti Uomo, por fin, proyectan una moda masculina relajada reinterpretando la sastrería clásica, lo cierto es que no en todos los ámbitos modificar el código de vestuario es bien recibido, a pesar de las altas temperaturas (incluida ola de calor).
La tendencias van por un lado y los hábitos y limitaciones de los centros de trabajo por otro. Si bien en profesiones denominadas “artísticas” como agencias de publicidad, diseño gráfico o de interiores, cosmética o moda no hay reglas y el estilo va ligado a prendas informales y de vanguardia, la formalidad en el atuendo acapara otras muchas profesiones.
Un alto cargo del departamento tecnológico de una empresa internacional de servicios de auditoría y asesoramiento legal cuenta a EFE que salvo reuniones con los clientes, lo habitual es que no vayan a la oficina con traje; pero de ahí a lucir la propuesta de sastrería con pantalón corto Thom Browne va un abismo.
“Las bermudas y los vaqueros están prohibidos”, confirma, las camisetas y los polos tampoco están bien vistos, aunque con el calor “se levanta un poco la mano”; la balanza cae en favor de los chinos y las camisas y en invierno algún jersey.
Sin embargo, constata que el código de vestuario es más laxo con las mujeres. “Es difícil marcar un límite, nadie se atreve”. En ellas, tirantes, pantalón corto, falda, zapatos y sandalias son habituales en los meses estivales, prendas ligeras que traen consigo algún que otro roce con la temperatura del aire acondicionado.
Los políticos también se rebelan contra el estándar de traje y corbata, por distintos motivos, pero no siempre con éxito.

Las altas temperaturas y el vestuario para combatirlas ha sido el caballo de batalla en los últimos días entre los diputados de la Asamblea Nacional francesa a la que algunos han decidido acudir sin corbata e incluso uno de ellos acudió con bermudas, con cierta reprobación del resto de compañeros.
En 2015 el ministro griego de finanzas Yanis Varoufakis, con una actitud que fue calificada de descarada, se reunió con Georges Osborne, su homólogo en el Reino Unido, sin corbata y con la camisa fuera del pantalón. Jocosamente argumentó: “Soy el ministro de finanzas de un país en bancarrota”.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y varios ministros acudieron hace unos días al Congreso sin corbata, una circunstancia que causó cierto revuelo y que coincidía con la primera ola de calor del verano.
Una circunstancia que podría ser la excusa, pero en la que algunos intuían el agradecimiento a unas palabras del exministro de Industria y Turismo Miguel Sebastián en favor de José Luis Rodríguez Zapatero, con el que ostentó el cargo.
En el año 2011, Miguel Sebastián acudió al hemiciclo sin corbata para enviar un mensaje de ahorro energético, un gesto que fue reprendido por el entonces presidente del Congreso, José Bono, que hizo referencia a la obligatoriedad que tienen los ujieres de vestir con chaqueta y corbata -si no podrían ser sancionados- para pedir que el resto de la Cámara diera ejemplo.
En 2016 regresó la polémica al Congreso por el vestuario de algunos de los diputados de Podemos y las rastas del ex diputado canario Alberto Rodríguez.
Para periodistas, fotógrafos o diputados el Congreso no tiene un protocolo establecido de vestuario, pero sí se pide “un cierto decoro”, explica una de sus funcionarias.
De la misma manera, en muchas empresas donde el trato entre ejecutivos es habitual el rigor en la vestimenta es una condición “sine qua non”, aunque poco a poco se van relajando las costumbres.
La responsable de una aseguradora de renombre afirma que se trata del “business casual” y explica que casi todas las empresas se han relajado en ese aspecto, “pero siempre dentro de una estética formal y correcta”.
“El día a día es más casual. Corbata no lleva prácticamente nadie”; los viernes han dejado de ser tan formales, pero “vaqueros o bermudas son impensables; tampoco zapatillas deportivas”.
En los despachos legales donde las consultas y firmas con clientes son constantes, además de las visitas a los juzgados, la situación no cambia ni bajo la toga, ratifica un fiscalista. “El vestuario se ha distendido, pero dentro de un orden, somos abogados”, remarca.
Así que nada de sustituir los cinturones por los fajines bordados y cuentas de Mans o los fulares de Ralph Lauren para ajustar el pantalón.
En calzado mejor no mencionar el estilo “barefoot” ni mucho menos las chanclas. EFE



