*** La falta de agua y las pérdidas agrícolas aumentan la vulnerabilidad de las familias del Corredor Seco.

La directora ejecutiva del Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), Gabriela Castellanos señaló que la sequía que afecta al Corredor Seco hondureño representa un desafío recurrente para la producción agrícola y la seguridad alimentaria del país, por lo que consideró necesario fortalecer las políticas públicas y la planificación para enfrentar sus efectos a largo plazo.
“La cosecha no se secó ayer; se viene secando desde hace décadas en las decisiones de quienes diseñan el presupuesto nacional. En las aldeas del Corredor Seco hondureño, la sequía dejó de ser un fenómeno excepcional para convertirse en una condición de permanente vulnerabilidad”, indicó.
Castellanos señaló que cada ciclo agrícola mantiene en incertidumbre a las familias campesinas que cultivan maíz y frijol, debido a las dificultades para acceder al agua, asistencia técnica e infraestructura que les permita enfrentar períodos prolongados de escasez, que la pérdida de las cosechas tiene efectos que van más allá de la producción agrícola, al incidir en la alimentación de las familias, la pobreza, la seguridad alimentaria y la migración.

“La seguridad alimentaria tampoco puede excluirse del debate nacional y seguir tratándose como un asunto exclusivamente de “los del campo”, porque lo que ocurre en el Corredor Seco termina en los mercados, en el precio de los alimentos y en los hogares de todo el país”, escribió Castellanos.
Asimismo, consideró que una respuesta sostenible requiere abordar la sequía no solo como una emergencia temporal, sino como un problema estructural que demanda medidas de largo plazo, planteó la necesidad de fortalecer la gestión del agua, mejorar el manejo de los suelos, proteger las cuencas y orientar el presupuesto público hacia acciones que contribuyan a fortalecer la producción y la seguridad alimentaria del país.
“La tierra hondureña no está condenada a dejar de producir, lo que está agotándose es la paciencia de un país que lleva décadas tratando como sorpresa una crisis que ya conoce de memoria. Y cuando la última milpa se seque del todo, el costo no se pagará en lempiras, sino en la dignidad”, cerró Castellanos. ED/Hondudiario



