*** “Es mi ídolo desde que era un niño”, cuenta Alessandro a EFE a la salida del establecimiento, cargado con bolsas de compras que ascienden a varios cientos de euros.

“Tengo 60 años y todavía me encuentro siguiendo al gran maestro”. Alessandro, italiano, resume con estas palabras la pasión y nostalgia que ha llevado a cientos de fans a hacer cola en Lucca (centro de Italia) para ver a Go Nagai, el dibujante japonés que creó “Mazinger Z”, aquel poderoso robot que marcó la infancia de varias generaciones.
Entre las pelucas de colores y las armaduras de los jóvenes aficionados al “cosplay”, hombres y mujeres que hoy rondan los cincuenta y sesenta años hacen cola para ver al “padre” de los robots gigantes, convertido en una de las grandes estrellas del festival “Lucca Comics & Games” en su 60 aniversario.
El regreso del maestro
El propio Nagai (Wajima, 1945) se ha mostrado sorprendido por la dimensión que ha alcanzado el festival desde su anterior visita a la ciudad toscana.
“Estuve en Lucca una vez hace unos 40 o 50 años, y me doy cuenta de que, en comparación con aquella época, el evento ha crecido muchísimo”, señaló el autor a los medios, cuya conexión con Italia nació mucho antes del éxito de sus criaturas metálicas.
“Cuando era niño, descubrí la “Divina Comedia” de Dante; me cautivaron las ilustraciones de Gustave Doré, y aquel mundo despertó en mí el deseo de crear algo propio algún día”, revela sobre la chispa que desató su universo creativo.
Go Nagai fue el primero en imaginar, y dibujar, a un humano controlando a un gran robot desde su interior, una idea que cambió el panorama de la animación japonesa posterior. Y no solo en el terreno del cómic: también dio un vuelco al anime y sirvió de inspiración a cineastas de todos los rincones del mundo.
Pese a las críticas iniciales por su crudeza —en la España de los setenta la censura recortó dos tercios de la serie original—, el historietista siempre defendió el trasfondo moral de su universo mecánico.

Una generación marcada por Go Nagai
En el festival de Lucca, el epicentro de la devoción por Go Nagai se concentra a las puertas de la tienda oficial dedicada a sus creaciones, un espacio exclusivo repleto de figuras de edición limitada, libros y piezas de coleccionismo.
“Es mi ídolo desde que era un niño”, cuenta Alessandro a EFE a la salida del establecimiento, cargado con bolsas de compras que ascienden a varios cientos de euros.
El perfil de estos veteranos aficionados contrasta con el del público más joven: la Generación X esquiva los disfraces integrales y prefiere guiños sutiles como camisetas conmemorativas, pines o accesorios discretos.
“Básicamente es una pasión infantil y las ganas de volver a tenerla cerca de adulto”, explica Gianpiero, otro de los clientes, tras adquirir varias figuras de edición limitada y algunas más sencillas para montar con su hijo.
La fascinación por el universo de Nagai se remonta a finales de los años setenta, cuando el desembarco en televisiones europeas como la española o la italiana desató un auténtico terremoto sociocultural.
Curiosamente, en Italia el impacto de UFO Robot Goldrake (conocido como “Grendizer” en otros países) fue incluso superior al del propio Mazinger: la llegada del robot con cuernos a las pantallas de la RAI en abril de 1978 se convirtió en una fiebre colectiva que abrió la puerta a todo el universo del autor.
La italiana Gaia hace guardia con un tesoro sentimental entre las manos: un libro de Mazinger Z con el que aprendió a leer a los seis años.
“De niña dormía con el cromo de Goldrake porque era mi héroe, así que he venido a conocer al “sensei”“, cuenta a EFE esta lectora voraz, para quien Nagai es “un mito indiscutible del cómic” al que espera poder ver.
Antonio, otro seguidor que aguarda para hacerse con una pieza exclusiva, rememora aquel hito televisivo: “Tenía 11 años cuando Goldrake se emitió por primera vez en Italia y fue todo un acontecimiento, lo cambió todo”, recuerda.
“Era algo completamente nuevo respecto a lo que había en la televisión. Y además estaba toda esa cultura detrás: Japón, su estética, su narrativa… A esa edad te impacta la imaginación de una manera increíble”, añade.
Carola, que ha viajado desde Canavese (noroeste de Italia) rememora cómo en aquellos años, mucho antes del auge del manga y el anime, se sentaba a ver los “dibujos animados japoneses”: “Así se llamaban cuando yo era pequeña, no se llamaban anime”, recuerda. EFE



