martes, febrero 10, 2026
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El Museo Reina Sofía recorre los “tumbos y arrebatos” de Alberto Greco

Tegucigalpa, Honduras

*** El artista entonces se traslada a Piedralaves, localidad que rebautiza como “Grequísimo Piedralaves”, la capital internacional del ‘gequismo’ y declara a todo el pueblo y sus habitantes como arte vivo.

El Museo Reina Sofía ha inaugurado una retrospectiva del artista argentino Alberto Greco (Buenos Aires, 1931-Barcelona, 1965), que en palabras del comisario de la muestra, Fernando Davis, recorre los “tumbos, arrebatos y contramarchas” de su trayectoria como artífice del arte vivo o vivo-dito.

La muestra ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, que se podrá visitar hasta el 8 de junio, presenta unas 200 piezas entre cuadros, fotografías, manuscritos y panfletos, muchas de las cuales pertenecen a la propia colección del museo y otras muchas han sido prestadas por coleccionistas y museos como el IVAM o el Patio Herreriano.

Se trata de una exposición que, “por la calidad de los préstamos que nos han hecho, es difícilmente repetible”, ha asegurado el director del Reina Sofía, Manuel Segade.

La muestra incluye desde los primeros poemas y cuentos para niños, hasta sus últimos trabajos colaborativos con amigos como Antonio Saura o Manolo Millares, incluida la que sería su última obra, la novela ‘Besos brujos’.

Tras sus inicios en Argentina, Greco viajó a París donde, además de tomar cursos de grabado y de historia del Arte, “recurrió a todo tipo de formas de subsistencia: vendió pinturas en bares, diseñó textiles y realizó murales para cabarés; ejerció la prostitución, fue vidente y apareció incluso en una película hollywoodiense”, reza una de las cartelas.

En París presentó su primera exposición individual de témperas próximas al tachismo y la abstracción.

A su regreso a Argentina participó en las exposiciones del movimiento informalista con un estilo que él mismo definió como “terrible, fuerte, agresivo”, un arte concebido como “una acción violenta sobre la materia destinada a dinamitar el ‘buen gusto’ burgués”.

Tras esta etapa, entre 1961 y 1963, Greco pasa a convertirse en el fundador del arte vivo, por el que declara que considera que “el arte vivo es contemplación y comunicación directa. Debemos meternos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad. Movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares y situaciones”.

Así, como detalla el manifiesto del arte vivo redactado en 1963 por el propio Greco, señalar, firmar, rodear con tiza a personas, objetos o situaciones, las transforma en arte. No hace falta crear algo nuevo, sino abrir la mirada para reconocerlo.

Instalado en Madrid en ese año, Greco se convierte en el pionero del arte de acción, o ‘happening’, explica Segade.

Así, una de sus acciones más famosas consiste en un viaje colectivo en metro desde la estación de Sol hasta Lavapiés que culmina en una de las corralas donde se quema una enorme tela pintada de forma colectiva ante el público, un evento que Greco describió como una “aventura total” sin programa ni finalidad.

El artista entonces se traslada a Piedralaves, localidad que rebautiza como “Grequísimo Piedralaves”, la capital internacional del ‘gequismo’ y declara a todo el pueblo y sus habitantes como arte vivo.

De vuelta a Madrid, Greco inaugura una exposición individual en la Galería Juana Mordó en la que presenta sus “objects vivants” con personas de la calle como vendedores de Lotería o de pipas con lo que incide en su idea de que la verdadera obra de arte reside en la vida y no en la pintura inerte.

Su etapa de proyectos colaborativos junto a Millares o Saura con los que crea obras de arte efímero, también aparece documentada fotográficamente en la exposición que, como dice el comisario, muestra toda “su trayectoria corta pero intensa y precipitada, como un derrotero torcido”. EFE

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