miércoles, febrero 18, 2026
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“A New Dawn”, una lucha animada y con fuegos artificiales por el legado y paisaje nipones

Tegucigalpa, Honduras

*** En cuanto a la técnica de su filme, Shinomiya recordó que ha trabajado durante mucho tiempo como artista de arte tradicional japonés, en el que se utilizan diferentes pigmentos como pintura, de origen animal, vegetal, o incluso de piedras.

El primer trabajo independiente del ilustrador japonés Yoshitoshi Shinomiya, “A New Dawn”, una historia que aborda desde la magia de los fuegos artificiales el legado familiar, los lazos de amistad infantil y el impacto del cambio climático y la expansión urbanística, celebra este miércoles su estreno en la Berlinale, donde compite como único filme de animación por el Oso de Oro.

En una rueda de prensa, Shinomiya explicó que cuando era joven también quería salir de su comunidad, mudarse a la ciudad y dejarlo todo atrás, pero ahora, quizás porque tiene su propia familia y una hija a la que ver crecer, se da cuenta de lo importante que es proteger y conservar la comunidad, las tradiciones, la cultura y el paisaje.

La globalización y la industrialización por supuesto han traído cambios grandes, “pero aun así no debemos olvidar preservar lo antiguo”, que tiene que ver también con la identidad de las personas, subrayó.

En “A New Dawn”, la fábrica de fuegos artificiales Obinata, situada en un bosque de exuberante vegetación, desaparecerá en breve por motivos administrativos y está previsto que por el terreno que ocupaban sus instalaciones pase una importante carretera.

Durante los últimos cuatro años, el protagonista, Keitaro, se ha encerrado en la fábrica en desuso y ha estado fabricando fuegos artificiales por su cuenta. Está decidido a desentrañar el misterio del Shuhari, un mítico fuego artificial que representa el universo y que fue concebido por su padre antes de desaparecer sin dejar rastro.

En Japón, en agosto hay muchos festivales de fuegos artificiales, porque en ese mes se celebra el Obon, en el que se recuerda a las almas de los antepasados, y es también el aniversario del final de la II Guerra Mundial (1939-1945), explicó Shinomiya.

“Por lo tanto, se trata de consolar a las almas de los difuntos y de recordar a las personas que ya no están con nosotros”, añadió.

Así, “los fuegos artificiales tienen un significado muy especial para todos los japoneses, lo que también nos une, y por eso los fuegos artificiales también significan, por así decirlo, una esperanza con respecto al futuro, que se desea la paz”, destacó al explicar su importancia en la película.

En cuanto a la técnica de su filme, Shinomiya recordó que ha trabajado durante mucho tiempo como artista de arte tradicional japonés, en el que se utilizan diferentes pigmentos como pintura, de origen animal, vegetal, o incluso de piedras.

Su filme se nutre de esa tradición y combina además distintas técnicas y elementos como stop motion, 3D, dibujos a mano y muchos enfoques analógicos, lo que refleja “un poco de nostalgia por este antiguo oficio”, añadió.

Preguntado por cómo afecta la inteligencia artificial (IA) al cine de animación, el realizador explicó que durante el periodo de producción del filme en algún momento se plantearon si recurrir a esta tecnología para representar el fondo, al no estar seguros si terminarían la película a tiempo.

En su opinión, las tecnologías de IA aún no están tan avanzadas como para hacer ese trabajo igual de bien que las personas.

Además, “en esta película han trabajado muchos “key animators” y le han puesto mucho corazón, y entonces me pregunté si era correcto incorporar tecnologías de IA”, agregó.

A modo de anécdota para ilustrar la importancia del los ilustradores, explicó que a su hija le gusta mucho ver películas de animación y siempre le parece “increíble” que haya personas que creen esos filmes, al pensar que todo sale de la IA.

“Esa es su realidad. Es una generación completamente diferente. Pero creo que también es importante que se preserve la tradición y la cultura, como por ejemplo la pintura tradicional japonesa. Y que siga teniendo aceptación”, subraya.

Por eso, es en momentos como ese, cuando por ejemplo un niño se sorprende por algo pintado a mano, cuando Shinomiya dice darse cuenta de su importancia y de que es un bien cultural que se debe preservar. EFE

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