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La duquesa portuguesa que da voz a legendarias reinas europeas a través de sus libros

Tegucigalpa, Honduras

*** Para acercar esta figura histórica a los lectores, Cadaval usa la primera persona a través de un diario personal en el que la propia María Antonieta relata los acontecimientos de su vida.

Diana de Cadaval (Ginebra, 1978) compagina su título de duquesa de Cadaval, uno de los más antiguos de Portugal, con el de escritora para dar voz a legendarias reinas europeas, la última de ellas, María Antonieta, una mujer “víctima de su época y de su tiempo”.

“María Antonieta, la reina mal amada” (2026) acaba de publicarse en el país ibérico y narra la historia de “una mujer que siempre amó a sus hijos, a su familia y a su país y, en el fondo, Francia nunca la aceptó”, explicó la escritora en una entrevista con EFE en el Hotel Palácio de Estoril, refugio de la realeza europea durante la Segunda Guerra Mundial e inspiración de James Bond.

Para acercar esta figura histórica a los lectores, Cadaval usa la primera persona a través de un diario personal en el que la propia María Antonieta relata los acontecimientos de su vida.

Es el estilo que acostumbra en sus novelas, una forma de narrar “muy íntima”, en sus propias palabras, porque es importante ver a las soberanas de las que habla “no solo en su papel de imagen pública, como reinas, sino también a la mujer que hay detrás, que es una mujer que siente, que a menudo también sufre, que tiene momentos de soledad, de tristeza, de desesperación, como cualquier otra mujer”.

Antes de la monarca francesa, la escritora publicó obras sobre las tres reinas de Portugal: María Pía de Saboya, María Francisca de Saboya y Mafalda de Saboya, así como de Isabel de Baviera, la emperatriz Sissi.

La propia historia de Diana es digna de novela: nació en Ginebra (Suiza) y vivió entre París y Nueva York cuando era pequeña. Después se licenció en Comunicación Internacional y trabajó en la casa de subastas Christie”s en Londres.

En 2008 se casó con el príncipe Carlos Felipe de Orleans, duque de Anjou, con quien tuvo una hija, cuyo padrino es el rey Felipe VI de España; y aunque se separó, sigue ostentando el título de princesa de Orleans.

Cuando su padre murió, fue el duque de Braganza y pretendiente al trono de Portugal quien reconoció a Diana como XI duquesa de Cadaval, a pesar de que tiene dos medio hermanas mayores fruto de un matrimonio anterior de su padre que no fue religioso. Su hermana mayor Rosalinda acabó con un nuevo título, duquesa de Cadaval-Hermès, debido a su matrimonio con Hubert Guerrand-Hermès, heredero de la famosa firma de lujo.

Sin embargo, por el momento descarta una autobiografía, aunque puede que “algún día” narre la historia de su familia.

Lo que le ha empujado a escribir sobre la última reina de Francia es su influencia: “Todavía se habla mucho de ella y sigue haciéndonos soñar por su elegancia, su refinamiento, su forma de llevar la moda y vestirse, por cómo utilizaba los tejidos, los encajes y los colores”.

María Antonieta “logró marcar su época, logró dejar huella”, es más, “ella no seguía la moda, ella creó la moda”, agregó la duquesa.

En sus libros, busca “dar voz a esas mujeres que, a menudo, son recordadas a nivel histórico de una forma un poco ingrata”.

“Siempre han sido mujeres que marcaron su época, su historia”, consideró.

Es el caso de María Pía de Saboya, princesa italiana que se convirtió en reina consorte de Portugal al casarse con el rey Luis I en 1862 y con fama de “derrochadora”, pero que, en opinión de Cadaval, “hizo muchas cosas” por el país.

“Sí, gastó, pero no es por eso por lo que el país se hundió y, en el fondo, creo que pagó el precio más alto que cualquier mujer puede llegar a pagar”, ya que mataron a su hijo y su nieto.

Algo similar pasó con María Antonieta, prosiguió, a quien también se tachó de “derrochadora”, aunque era una “mujer inteligente que no solo gastaba”.

“En el fondo, no creo que eso haga que un país se hunda, es un poco frívolo e ingenuo pensar que las finanzas del país se hundieron porque la reina invirtió en vestidos”, agregó la escritora.

Monárquica confesa, opina que la corona es la mejor opción para representar a un país y garantizar la continuidad. Por el momento no contempla escribir sobre figuras de la realeza moderna, pero de hacerlo se decantaría por la Casa Real de Holanda, no tan conocida, en sus palabras. EFE

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