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Una muestra feminista reivindica en Viena la labor invisibilizada de la mujer cuidadora

Tegucigalpa, Honduras

*** Las obras reflejan cómo la atención doméstica y la maternidad limitan la libertad de las mujeres, cómo se externaliza el trabajo reproductivo y cómo afectan las desventajas sociales a las mujeres racializadas.

Una exposición en el museo Albertina de Viena reúne medio centenar de obras subversivas de artistas internacionales que abordan el trabajo de los cuidados, históricamente señalado por el feminismo por limitar la libertad de las mujeres y que, pese a los avances en igualdad, sigue desarrollándose en la sombra.

La imagen resulta familiar: abuelas e incluso madres en la cocina, durante horas, con la radio de fondo y un delantal -a veces de cuadros, a veces de rayas- como uniforme cotidiano.

La exposición, que incluye piezas de fuerte carga sociopolítica de 33 artistas y que permanecerá abierta al público hasta el 28 de junio, reflexiona sobre este tema recurrente en la lucha feminista, por estar tradicionalmente vinculado al deber femenino y marcado por restricciones patriarcales.

Según explicó este viernes en una entrevista telefónica a EFE la comisaria de la muestra, Gabriele Schor, temas como la cocina, la maternidad, la familia o el cuidado de los padres son “experiencias universales” en las que el público puede “ver reflejada su propia historia”.

En las décadas de 1960 y 1970 emergió la segunda ola de feminismo (tras la primera en el siglo XIX), articulada en torno a un lema que marcaría profundamente la producción cultural y artística de la época: “lo privado es político”.

Esta consigna situaba en el centro del debate cuestiones que formaban parte de la privacidad del hogar, no como problemas individuales, sino como estructuras de poder político que debían ser transformadas de manera colectiva.

Bajo el título ‘Care Matters’ (El cuidado importa), la muestra propone un recorrido por la evolución artística que se desenvuelve en torno a estas inquietudes, desde las prácticas pioneras de la vanguardia feminista de la década de 1970 hasta propuestas más contemporáneas.

Las obras reflejan cómo la atención doméstica y la maternidad limitan la libertad de las mujeres, cómo se externaliza el trabajo reproductivo y cómo afectan las desventajas sociales a las mujeres racializadas, derivadas de estructuras de poder con raíces racistas y coloniales.

“El reconocimiento está ligado al salario: cuanto más se paga un trabajo, mayor valor social tiene. Por eso el trabajo de cuidados, al no estar bien remunerado o directamente no ser pagado, sigue siendo poco valorado”, destacó la comisaria de arte.

En la exposición se aprecia una clara diferencia generacional: mientras los pioneros del arte feminista abordaban este tópico desde una necesidad política y existencial, los actuales trabajan desde una mayor libertad.

“La identificación de la cocina como espacio femenino y el rol del ama de casa siguen siendo temas relevantes, aunque con un cambio significativo en la forma de abordarlos”, indicó Schor.

Hasta mediados de los setenta, a las mujeres no se les permitía trabajar fuera del hogar sin el consentimiento de sus maridos y la figura femenina quedaba relegada a formar parte del hogar como objeto doméstico.

Esta realidad es reflejada durante el recorrido por obras de artistas como la austríaca Birgit Jürgenssen o la estadounidense Martha Rosler.

En el caso de Jürgenssen, ella se cuelga una cocina alrededor del cuello para enfatizar la pesada carga que las amas de casa debían soportar, mientras que Rosler recorre el alfabeto en un vídeo utilizando utensilios de cocina, mostrando su propio cuerpo con ira, fruto de la frustración por permanecer atrapada en el hogar.

Por el contrario, las artistas más jóvenes rompen con esta rígida representación, como la alemana Lena Henke, quien convierte electrodomésticos en objetos escultóricos desvinculados del cuerpo femenino, o la austríaca Sophie Gogl, que reproduce un sentimiento parecido al de Rosler, pero a través de la pintura de un cuchillo sobre una placa de cerámica moderna.

Por otro lado, artistas de Panamá, Perú, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos abordan las desigualdades sociales, poniendo el foco en mujeres indígenas, mujeres negras y las diferencias de clase que determinan quién realiza el trabajo de cuidados y bajo qué condiciones.

En este contexto, una de las piezas más impactantes es ‘La Otra’ de la artista y activista peruana Natalia Guiñiz Boggio, en la que retrata mediante fotografías a trabajadoras domésticas junto a sus empleadoras, mostrando la disparidad y subordinación en este tipo de trabajos.

Letícia Parente, pionera del videoarte en Brasil, también destaca por ‘La Tarefa’, donde muestra a una mujer afrobrasileña sin rostro, ocultando deliberadamente su identidad y vestida con uniforme de trabajadora doméstica, planchando a una mujer blanca.

Lejos de ser un vestigio del pasado, la exposición dialoga con el presente, recordando que mientras el trabajo de los cuidados siga sin ser reconocido, lo privado seguirá siendo político. EFE

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