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El arte contemporáneo despliega sus múltiples lenguajes en una nueva edición de Arteba

Tegucigalpa, Honduras

*** Entre las propuestas de Diego Obligado Galería de Arte sobresalen las pinturas de Fabián Marcaccio, nacido en la ciudad de Rosario en 1963 y radicado en Nueva York.

Con criaturas que parecen surgir de otros mundos, objetos que evocan infancias quebradas y fotografías que desarman la imagen de la ciudad, el arte contemporáneo despliega sus múltiples lenguajes en Buenos Aires, donde Arteba abrió este viernes su 35 edición con 69 galerías y más de 400 artistas de Argentina y otros países.

Una de las principales ferias de arte de Latinoamérica propone en un pabellón de 11.000 metros cuadrados que debe recorrerse con tiempo un espacio de encuentro entre artistas, galeristas, curadores, coleccionistas, instituciones y públicos diversos.

Desde allí, los más diversos lenguajes del arte contemporáneo argentino despliegan su proyección hacia los mercados internacionales y también hacia los hogares de aficionados.

Entre las propuestas de Diego Obligado Galería de Arte sobresalen las pinturas de Fabián Marcaccio, nacido en la ciudad de Rosario en 1963 y radicado en Nueva York, reconocido desde los años noventa por sus intervenciones escultóricas sobre el lienzo.

Sus obras combinan procedimientos digitales e industriales y expanden la pintura hacia formas tridimensionales, donde los colores primarios se transforman en universos abyectos de los que emergen criaturas y ciudades.

En la galería La Mala, una casita para ratones, una camisa luminosa con detalles perturbadores y un reloj robados a una infancia descompuesta. En las “lámparas” de Cervio Martini conviven lo tierno y lo inquietante, y hasta las cosas feas reclaman afecto.

Destaca por la solidez conceptual de su propuesta MOSTRA gallery, uno de los espacios más jóvenes de la sección principal, dedicada a galerías reconocidas por su trayectoria, donde la sexualidad emerge con desfachatez, especialmente en la intervención de un reclinatorio clerical o en la fotografía de una vagina que fuma, a cargo de Clara Miño.

La ciudad vuelve a ocupar el centro de la escena en Rolf Art, donde su directora, Florencia Giordana Braun, reunió obras que toman el Obelisco como eje de una genealogía visual de Buenos Aires, donde intervenciones artísticas y episodios de la historia política se enlazan en registros fotográficos.

Destaca allí la recomposición caótica del principal monumento de la ciudad a partir de fotogramas de película Super 8, marca distintiva de la obra de Andrés Denegri, quien propone interrupciones donde el cine marca continuidad.

La cerámica también encuentra un lugar en el recorrido, con las escenas en miniatura de Pablo Insaurralde, en las que los objetos cotidianos y la comida se cruzan en pequeñas construcciones y las pacíficas acuarelas de Ariel Cusnir ofrecen una pausa en un terreno contemporáneo convulso.

Desde Salta, Guido Yannitto explora lo popular, lo ancestral y la transmisión de saberes en un telar obsesivo en el que la lana de oveja dialoga con tapas metálicas de antiguas botellas de refresco; una búsqueda que también recupera la figura del artista salteño Pajita García Bes, ambos presentes en la galería Remota.

En la galería Piedras, la artista neuquina Josefina Labourt indaga en la relación entre los cuerpos a través de piezas de joyería cuyos moldes proceden de los espacios de contacto entre dos personas.

En su obra “Coraza Fastasma” Josefina Labout materiales como cartapesta, gasa, toalla y resina construyen formas posthumanas que interrogan la piel y sus límites.

La sección Utopía, dedicada a producciones recientes y a espacios experimentales, suma otra energía al recorrido.

Entre sus propuestas aparece Galería Cielo, con una selección de colores pastel y una identidad visual fresca, que confirma la diversidad de formatos y sensibilidades que conviven en esta edición.

Arteba podrá visitarse hasta el domingo 1 de noviembre en el pabellón amarillo de Sociedad Rural Argentina, en el barrio porteño de Palermo. EFE

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